Fantasia vigesima En la cuerda floja.
Thalía, se coloco sobre su nuevo amante. El muchacho no tenía más de 25 años. Y no es que se definiera como una asaltacunas, sino que en su nueva profesión privada, no podía elegir.
Efectivamente Thalía, que durante el día era una encantadora cajera de supermercado, casada y con un hijo. Por la noche, vendía su cuerpo por dinero y para tener el placer que no recibía en casa.
Eduardo, su marido era viajante de una cadena de cosméticos y aunque no lo ganaba mal, su vida intima se fue, con el paso de los años, volviéndose más monótona y distanciada, debido a los constantes viajes de su esposo.
Fue, cuando conoció a Hadi, un musulmán que se mudó cerca de su casa. Hadi, de verla en el supermercado, entablo rápidamente por su encantadora personalidad amistad con Thalía. Una noche que, y a punto de cerrar el establecimiento, Hadi, por la salida trasera se encontró a Thalía llorando desconsoladamente.
Su marido, explico ella al morito, llevaba tres semanas fuera y que ya estaba harta. Y sin darse cuenta le estaba contando las intimidades al cliente marroquí. No sabía bien que le cautivo, si la fuerte mano que se poso en su hombro, ofreciendo una fortaleza desconocida por ella o fue el fulgor de esos ojos negros llenos de ternura, de la que también andaba escasa. Cuando se dio cuenta, estaba tomando una taza de café, en un bar árabe. Hadi, se mostro en todo momento, atento y cariñoso y eso le encanto a la mujer. Así, el la llevo a su casa y allí se despidieron.
El muchacho, quiso cambiar de postura y eso la devolvió a la realidad de aquel motel, se coloco a cuatro patas, para que el jovenzuelo pudiera alcanzar la entrada de su vagina, una vez que la sintió dentro, jadeo dos veces fuertemente y volvió a sus cavilaciones. Con el tiempo, había logrado conseguir diferenciar su mente y su cuerpo, y en ese momento le hubiese gustado estar a mil kilómetros de aquel muchacho que la follaba mientras le ponía el culo rojo de cachetazos.
Volvió a sus recuerdos y como Hadi, la empezó a esperar a la salida del trabajo, con una escusa u otra, convirtiéndose a la vez en improvisado capellán, donde ella confesaba sus frustraciones.
Aquella noche de invierno, Hadi, estaba como de costumbre esperándola, pero desde el primer momento aquel día, supo que algo no marchaba bien. Hadi, estaba muy nervioso y muy cortante con respecto a su forma de ser habitual. Marchaba cabizbajo y con el paso acelerado. Al llegar al portal de Thalía, y dispuesta a despedirse sin mediar palabra, el árabe le pidió que la acompañara a su piso, Thalía estaba hecha un flan, imagino cualquier cosa e incluso le dio a entender su estado civil, pero el morito le explico que había alguien que quería hablar con ella referente a su marido.
Al entrar en la casa, decoraba con exquisito estilo árabe, sobre unos cojines se encontró a una muchacha de pelo negro y tez morena. Soy Aurora, se presentó también como madame. Por lo visto, la fulana era amiga del árabe, desde antes de venir a España.
Resulto, según la chica, que habían hecho una fiesta privada entre hombres y que las habían contratado. Uno de ellos, perdió la cartera
y la documentación. En ella había fotos de familia y es por eso que ella la había reconocido. Acto seguido le entrego la billetera, Thalía se levantó, como por un resorte. No quería dar crédito a sus oídos ni a sus ojos, su marido... su Eduardo, de putas, eso era incomprensible e inadmisible, toda su vida llevada con la casa y su hijo y aquel hijo de perra, se divertía con otras mujeres. ¿Y ella? ¿No merecía acaso un poco de satisfacción, de la que ofrecía gratis y que el recibía pagando?
Miro al moro y a la chica, quería vengarse de su marido y así lo expuso. Entonces la madame, la comento que el mes siguiente, había otra reunión con los mismos hombres y que podía camuflarla, junto a las bailarinas exóticas. Sin más quedaron para entonces.
Una vez se hubo marchado la madame, Thalía rompió a llorar en brazos de Hadi, ¿Cómo podía pasar ella por una fulana, si solo había estado con su marido?
Hadi no dijo nada, la ayudo a sentarse en el sofá, mientras ella solo podía mirar la cartera de cuero, que ella misma le había regalado en unas navidades. Hadi, se aparto y sin mediar palabra se bajo los pantalones, volviéndose a sentar desnudo a su lado.
El muchacho, le agarro con fuerzas el culo, mientras que sentía como su picha la inundaba todo el intestino de cálida leche juvenil. Para satisfacer a su cliente, ella empezó a simular un orgasmo, jadeando estrepitosamente y convulsionándose. Luego, los dos quedaron tendidos, en la cama. Fue cuando se percato de la picha del chaval, ahora flácida descansando sobre el muslo y los recuerdos volvieron a su mente.
Un enorme pene, descansaba sobre el muslo de Hadi, aunque ya presentaba un considerable tamaño, alargo su mano y acaricio la carne, que tembló a su contacto. En la realidad, la mano de Thalía, también acaricio la picha del joven, cogiéndola como lo hizo en aquella ocasión. La primera vez que tenía en sus manos un pene, que no era el de su marido sintió miedo, más cuando el miembro de por sí ya superaba en estado flácido al de su esposo erecto. Estaba cálido y poco a poco, lo sentía endurecerse. La mano del musulmán, le acaricio el pelo, tratando de tranquilizarla, después descendió suavemente hasta que sus dedos formaron la copa de su pecho, abrió los botones de la blusa y tras separar la tela, dejo al descubierto el sujetador. La mano siguió buscando más y alcanzo hasta que un pequeño pezón quedo al descubierto. La boca del árabe, no dudo un segundo y se abalanzo sobre el pecho, haciéndole gemir al contacto con su piel. Para entonces, el pene ya tenía un buen tamaño, aunque no estaba erecto todavía. La mano, asiéndole de los cabellos, la inclino hasta que se encontró a pocos cm del miembro, Thalía, ya notaba su sexo, bañado por un mar de jugos, excitadísima no dudo en probar aquel pene circuncidado.
Y así fue, como Thalía comenzó a quitarse el miedo, con las recomendaciones de Aurora, que en un mes, le consiguió buenos clientes como aquel muchacho que dormía junto a ella.
El día anterior a la esperada cita, Eduardo, estaba nervioso preparando un nuevo viaje. Ella lo veía moverse por la casa de abajo hacia arriba, pidiéndole las cosas para un viaje que según él, era de vital importancia para su carrera. Así, que como siempre, se despidió de su hijo y le dio un beso en la mejilla.
Ella lo vio marchar, mientras en sus adentros le decia:
"¡Si supieras cabron, que pronto pagaras por acostarte con tu esposa!"
Seguiremos y lo prometo... por petición de una de mis mejores amigas, sin mucha demora.
Un beso de chocolate
MSX








anikabell dijo
Guauuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu!!!!! jijijijijijijiji.Fantástica!.
26 Enero 2009 | 02:48 PM