Cuando subimos a un tren, nos encontramos ante nosotros unas horas o bien de monótono viaje o de una aventura sin parangón. El comienzo de mi viaje, nos sitúa hace unos años, cuando como representante, me encaminaba para hablar con un cliente. El viaje duraría unas horas y, así que me acomode en mi asiento. Mirando por la ventana observaba sin atención el paseo de las vidas que, desde el andén, pasaban por frente de mí. Pero ese día, los gritos de una pareja me llamo la atención. Habían entrado en el vagón un tipo grueso que discutía acaloradamente con su pareja.La mujer, quería hacerle ver el horrible espectáculo que estaban dando y a lo que el individuo le alzo las manos, amenazándola con asestarle un golpe. Yo era el único pasajero que estaba en el vagón y no pude más que intentar sujetar la mano, pretendiendo hacerle entender que su actitud no era la apropiada. Resultado, el puño del desgraciado acabo impactado en mi mejilla. Quise defenderme, pero entre la estrechez de los asientos y que el golpe me había hecho sentarme, cuando me incorpore, la mujer se había puesto delante del energúmeno pidiéndome perdón y gritándole que si se estaba loco. Perdónele de verdad, no es mala persona, solo un poco celoso. ¡Joder, con el celoso! Pero bueno, decidí ser civilizado y acepte las disculpas de la señora, que dándome las gracias, casi a empujones se lleva a su marido a sus asientos.
El viaje empieza y la pareja sigue discutiendo, más bien es el gordo, que no hacía más que repetir que a ella nadie puede mirarla, por sus cojones. Al rato, de quedarse callado, la mujer se me acerca, para interesarse por mi mejilla.
- ¡Me permite que la vea! – dijo, acercándose a mí – Se le va a inflamar y le saldrá un moratón. ¡Deje que se lo mire en el baño, tengo una crema en el bolso, que le ira muy bien!
- ¡No se moleste! – le dije, pero ella insistió varias veces.
- ¡Mi marido es muy bruto! ¡Por favor, me sentiría mejor si me dejara curarle!
Bueno, asentí, aunque solo fuera para que la señora, se quedara mejor y me dejara en paz seguir mi viaje.
- ¡Gracias, espéreme en el baño, voy a por la crema!
Cuando la señora llego, yo me había echado abundante agua en la mejilla. Ella se acerco, fue cuando me di cuenta que se había quitado el abrigo, vestía una blusa azul, los primeros botones desabrochados, la hacían lucir dos senos grandes y hermosos. Entendí por que, el neandertal, estaba tan celoso. Intente alejar mi vista de los senos, pensar en otra cosa, centrarme en la magulladura y disimuladamente alejar mis pensamientos de cualquier escena que me sugiriera como resultado la temida erección.
- ¿Me permite tutearle?
- ¡Claro! – conteste
- Sera un momento… - y dejo el tubo de la pomada encima del lavabo, mientras yo sentado en el retrete, recibía las atenciones medicas de la señora.
En uno de los movimientos del tren, el tubo fue a parar al suelo y ella se agacho a cogerlo. Fue entonces cuando la amplia blusa termino de hacer el resto. Por entre el escote, los pechos surgieron mostrando la hermosura de aquellas cantaras de miel, la erección fue inmediata e incontrolable, intentaba mirar hacia otro lado pero el vaivén de aquellas me tenían hipnotizado. Me di cuenta de que ella, no se había dado cuenta del espectáculo que me había brindado y decidí quedarme contento solo con la visión, mientras continuaba untándome la crema en mi mejilla.
- ¡Bueno, ya esta! – y se dispuso a lavarse las manos.
Al intentar coger papel, para secárselas, otro movimiento brusco la hizo perder el equilibrio, lanzándola hacia mí, quedando con mi cabeza metida entre su busto. Al intentar sujetarse, una de sus manos, acabo sobre mi erecto y ya incontrolable miembro. Al contrario de lo que me pudiera imaginar, ella no se movió. La puerta con el vaivén se había cerrado dejándonos a los dos dentro del baño. Sentí, como su mano, presionaba mi pene, deslizándose por su contorno sobre los pantalones, arriba y abajo. Yo aguantaba la respiración, con mi cabeza entre sus pechos y la deje hacer, otra vez recorrió con delicadeza mi pene, que ya en ese momento gozaba de una salud de hierro, duro por sus caricias.
La respiración de los dos, se fundía con el pulso de mi corazón que se aceleró hasta el límite. Ella, poco a poco se fue retirando pero sin dejar el contacto con mí pene.
Seguiré, contando que ocurrió en aquel viaje. Pero no quiero irme sin recordaros que desde el día 1 de Septiembre hasta el 15, podréis votar al ángel del mes de Septiembre.
Un beso de chocolate para ellas, saludos para ellos.
Buena semana a todos.
MSX


Ei hola!
Lo que no te pase a ti... :))
Pues como siempre me quedo con las ganas de seguir leyendo.
Que tengas buena tarde!!
Una buena historia !!! ummm y la musica me encanta. un besazo.
Ese meneito del tren es de lo mas escitante , estoy deseando leer la segunda parte mmm.
por cierto yo tengo un angel del mes donde hay que votar?
besos de chocolat
que!!!!!!??? no te demores me haz dejando ansiosa,
besotes del más exquisito chocolate
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