Fantasía decimocuarta o Sexo en la granja.(Parte 1)
Luis y Alejandro, se conocieron en la universidad. Alejandro, era un chico callado procedente de una aldea de la sierra. En cambio Luis, era un fornido chulito, guaperas de capital. Sin Luis, Alejandro hubiese pasado como un empollón más, sin pena ni gloria y sin Alejandro, Luis no hubiese acabado la carrera. Así era, como los dos se complementaban. Gracias a Luis, Alejandro logro desvirgarse con una rubia típica, de muchas curvas y poco cerebro. ¡Ojo, que no quiero decir que todas las rubias con curvas, sean tontas!, solo digo, que esta lo era. Alejandro, tenía unos gustos más especiales o como él decía, la madurez es un grado y a veces repetía el refrán ese de “Gallina vieja, buen caldo”, así que a veces se escapaba, para seducir a alguna madura, de esas que se anunciaban en los periódicos.

Así, convivieron los dos, alquilando piso, estudiando y pasándolo bien. Llegaron a ser tan íntimos, que incluso Alejandro, solía pasar las vacaciones de navidad con la hermana y el cuñado de Luis, ya que este era huérfano. Así, no era de extrañar que Luis pasara casi dos meses en verano, en la aldea. Y fue allí, donde conoció a Cay, su verdadero nombre era Cayetana pero todos en la aldea la conocían como Cay. Esta mujer, madura, fornida y curtida en el campo, había vivido dedicada por entero a las labores de la granja, desde la muerte de su marido. Como pueden adivinar, Cay era la madre de Alejandro. Luis, siempre había mantenido una distancia prudencial por el hecho de que era la madre de su amigo.
Una mañana, Luis volvía de ordeñar la vaca cuando, tras unos árboles cerca del huerto, la vio. Cay, agachada en cuclillas, orinaba tranquilamente. Se oculto y pudo vislumbrar, como la mujer sujetándose la falda, desprendía de entre unos labios oscuros y peludos un chorrito de orina, cuando termino se bajo la falda Luis supo que no llevaba bragas y eso lo empalmó como un burro y tras llevar los cubos a la cocina, se encerró en su cuarto y se masturbó recordando la visión. De repente, la puerta se abrió. Cay, sin fijarse, apareció por la puerta:
- Luis, ¿me ayudas? – Se quedo perpleja, sobre la cama con los pantalones bajados y el miembro en una mano y con la otra en los testículos. Los dos se quedaron de piedra, uno porque el objeto de sus fantasías masturbadoras, se encontraba a pocos pasos y ella porque desde su marido, no había vuelto a ver un hombre masturbándose.
- Yo… no… perdona.
- No, perdona tu.- Hizo ademan de salir de la habitación.
La puerta se cerro, empujada por una mano. Cay, se encontró de boca con la puerta, estaba nerviosa con una sensación igual a una jovencita a punto de dar el primer beso al chico más atractivo de la clase. La voz del chico la susurro al oído:
- Sabes, porque estoy así
- Mira, que soy una mujer mayor para ti.
- Eres un encanto de mujer, sensual, maravillosa – las manos recorrieron la cintura de la mujer.
- ¡No sabes lo que haces!
- ¡Si no se lo que hago!, entonces ¿Por qué estas mojada? – y metió la mano bajo la falda, palpando unos labios húmedos.
- Lógico, cuando no he estado con un hombre desde hace tanto tiempo.- los dedos se hundieron más en su vagina.
Cay se aferro a la pared, para no caerse. Hacía tiempo que no sentía esa excitación, ese fuego que renacía en ella. Se recostó sobre el cuerpo que la apresaba y sintió sobre sus nalgas, el miembro duro del chico. No aguanto más, se dio la vuelta y beso apasionadamente al chico, de manera que los dos quedaron tendidos sobre el suelo. Su respiración se habían alterado y sus bocas se encontraban a pocos centímetros una de otra.
Ufff…. La cosa pinta muy bien
Besos de chocolate y saludos a ellos. Hasta la segunda parte.
MSX











isabela dijo
La cosa pinta muy bien!!!
Insisto en que me gusta leerte.
Isabela
2 Abril 2008 | 04:41 AM