La lluvia descendía pausadamente a través del cristal. Recostada en la cama, Laura sonrió. Su mente voló en el tiempo. Un autobús, en hora punta. Ella volvía del instituto cuando aquel muchachito con gafas, alto y con el pelo ensortijado se prestó a abrirle el paraguas. Dos días después estaban hablando sobre cine, de ahí a ir a ver el estreno de “Cadena perpetua” con un Tim Robbins, no paso casi una semana. Recordaba aquel día, donde la lluvia volvía a hacer su aparición al finalizar la sesión. Los dos corrían, hasta refugiarse en la parada del autobús. Mientras esperaban, él la dejo su chaqueta y la abrazo para que no pasase frio. ¡Y eso, a ella la encanto!

La lluvia seguía poniendo música en aquella tarde de invierno, mientras los recuerdos seguían fluyendo dibujando una sonrisa. Podía ver entre los cristales, bajo la lluvia la figura de Andrés, aquel día que su madre la había castigado por no aprobar uno de aquellos fastidiosos exámenes de latín. Sentía rabia, pero por aquel entonces la telefonía móvil, solo existía en las películas de Star Trek. Así, que el pobre se quedo más de una hora y media esperándola sin poder ella avisarlo. ¡Y eso, a ella la encanto!

También bajo la lluvia recordó, aquel 23 de Febrero.

Andrés, había sacado el carnet de conducir y la había recogido. También ese día llovía y fue también el primer día que subió a casa de Andrés. Sus padres, habían salido y estaban los dos solos. Andrés fue al aseo y la trajo una toalla. Con suavidad la seco el pelo, sus brazos eran fuertes y ella se dejo llevar. El balanceo de sus labios al unirse, la suave vibración de sus parpados al cerrarse. La ropa voló, por los aires y sus cuerpos se fusionaron. Andrés la alzó en peso y la deposito suavemente sobre la cama. Los labios la recorrieron todo su cuerpo y por primera vez, después de jugar con sus cuerpos su pene se alojo en su vagina. Los dos sudaban, al rito de la incesante lluvia que seguía persistiendo. Ese recuerdo la hizo mojarse y volvió a sonreír. ¡Y eso, a ella la encanto!

La lluvia, la recordó aquel día unos años después, cuando llego chorreando a la iglesia, todos estaban esperando cuando Andrés, llego empapado por la lluvia. Y el sí quiero, fue acompañado por la lluvia. Luego en el viaje y posteriormente en el hotel Vecellio en la bella Venecia. Fue hace dos años en el 2006 y también acompañados de la lluvia hicieron el amor. Primero bajo la ducha, que empapo sus cuerpos como si fuese la propia lluvia. Las manos de Andrés, la recorrieron por entera, mientras ella mordisqueaba su cuello. Le encantaban los pezones de su chico, erizados como pequeños chupetes. Le encantaba oír como gemía, bajo su control, le encantaba como palpitaba el miembro entre sus dedos, entre sus labios. Después se incorporaba sobre él y así ella se penetraba, suavemente hacia arriba y hacia abajo. Luego sus bocas se buscaban y sus lenguas se saboreaban. Y así, llegaron a un orgasmo tremendo.

La lluvia seguía sonando en los cristales, miro el reloj. Su mano, acaricio su vientre y sintió como un movimiento.

- Ya, tranquila nuestro hombre está a punto de llegar.

Al poco, la puerta del piso, se abrió y nos pasos se acercaron a la habitación.

El pelo rizado sobre una sombra se abrieron paso, por la sala su cabeza se apoyo sobre el vientre dándole un beso. Luego sus labios se buscaron.

Mientras una mano acariciaba el ensortijado pelo, la otra acariciaba la vida que portaba en su interior. Sus ojos se bañaban en la lluvia que seguía en el exterior y así se quedo dormida, pensando y sabiendo que era feliz. ¡Y eso, a ella la encanto!

Besos a ellas y saludos a ellos

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