No sé cómo se me ocurrió crear aquella sala.

Siempre he sido muy dado a la fantasía y si es erótica mejor. Así, que decidí crear una sala, en un chat. Su nombre “Encuentros reales”.

Al principio, lo más que salían eran unos tipos, que a más solo buscaban un polvo rápido, que joder era, lo que yo quería, pero en plan bacanal romana. Poco a poco y pasando los días hablando con uno y charlando con otra. Conseguí crear un grupo curioso, pero de tres mujeres a lo sumo y de casi veinte tipos. No era lo que yo esperabay tengo que reconocer que mis tres amigas, llamadas para el caso Lola, Carla y Sandra, eran tres mujeres muy morbosas, bien distintas físicamente. Aunque yo no le daba ascos a ninguna, porque todas, en cada conversación tenida con ellas, siempre me lograron poner a mil, con las fantasías e insinuaciones.

Un día, hablando con Carla sobre la fantasía de la bacanal, me dijo que por qué no la proponía y que cada uno decidiera si asistir o no. Y que por el lugar, no había problema ya que ella y su marido tenían cerca de la costa de Huelva, un chalet que podría servir para organizarla.

En los privados a cada uno escribí esta pregunta:

“¿Queréis participar este verano, en una Bacanal romana en la costa onubense?”

Las respuestas fueron dispares, pero todas favorables. Y así fue, que tras mucho pelearme con mi jefe, conseguí en pleno Agosto quince días de vacaciones.

Estaba nervioso, por conocer a mis amigos del chat, había preparado todo por teléfono con Carla y Federico su marido, los cuales me estaban esperando en la estación de trenes de Huelva. Al verlos, me temblaron las piernas, Carla estaba mucho más rica en original, que por fotografía. Los dos estaban muy emocionados al verme y se mostraron muy amables conmigo.

- Sandra y sus dos amigas llegaron anoche – dijo Carla

- ¿Y el resto?

- Si, solo faltan un par de chicos pero no tardaran.

- ¡Qué bien! – aunque el nerviosismo se me hacia presente.

- ¡Además las chicas os tenemos preparado una sorpresa!

- ¡No tengo ni idea! – confirmo Federico – Se llevaron ayer hasta las tantas metidas en el garaje.

- Y, ¿Anoche no hubo fiesta?

- Hombre, - dijo Carla, agarrándome del brazo- sin el Cesar, no hay fiesta- soltándome un beso en las mejillas y riéndose.

Llegamos, por la carretera de la costa hasta un chalecito cerca de Mazagón, donde pude divisar a todos los que ya conocía por el Messenger. El ambiente era agradable y pensé, no puedo creer que yo solo haya conseguido reunir a esta gente. Pero así era.

Según lo acordado para la fiesta, a las 18:00 todos los habitantes de la casa, tendrían por obligación que llevar túnicas u cualquier ropaje que se identificara con la Roma imperial.

Me acompañaron, hacia mi habitación donde me instale. En una tienda de disfraces, conseguí un disfraz de soldado romano con armadura y todo. Así, viendo que quedaba quince minutos para que empezara la fiesta, me coloque la armadura y me dispuse a salir.

Mi sorpresa, fue que Carla y Lola me esperaban vestidas con túnicas. Lola, una morenaza que quitaba el sentido, me beso y me coloco una corona hecha de laurel en la cabeza.

- ¡Ave, Cesar!

Y sin mediar palabra, las dos cogieron un cesto de pétalos de rosas y se colocaron delante, regando de pétalos el camino que pisaba. Así, bajamos al salón donde todos los invitados, estaban ya esperándome. Federico, me esperaba también vestido de romano, con armadura aunque la mayoría, estaban vestidos con las túnicas, más o menos artesanales.

En el juego teatral, todos participaban. Así, que se formaron en dos filas dejando pasó a las dos repartidoras de rosas que seguían echando pétalos al suelo, mientras yo las seguía. Al llegar al lado de Federico, este poniéndose firme y llenado el puño al pecho, me grito:

- ¡Ave Cesar, los que venimos a follar, te saludamos!

- ¡Ave Cesar! – respondieron el resto

Yo los mire, todos estaban firmes con el puño en el pecho. Las portadoras de rosas, se retiraron cuando les hice una señal. Luego, mirando a todos y ya puesto en el papel exclame, alzando mi pulgar hacia arriba:

- ¡Que comience la fiesta!

Al momento, Federico me acompaño a los cojines que teníamos asignados, sobre la moqueta.

Algunos de los amigos, hicieron su papel de esclavos y sirvientes, repartiendo las copas y el vino. Las luces se vinieron abajo y las chicas saltaron brincando al interior del círculo, que se había formado. Todas bailaban, a un estilo que me recordaban más a una tribu africana que de meretrices romanas. Al unisonó, el grupo se agacho dando paso a una sensual bailarina, Sandra.

Sandra apareció, bailando una danza árabe. Con muchos pañuelos de gasa o seda, se movía contorsionándose, moviendo insinuantemente las caderas, las sedas la envolvían y ella jugaba con ellas al son de la música. Solo sus ojos, negros se deslumbraban por entre las sedas que ocultaban su rostro. Sus manos, como lascivas serpientes, acariciaban las telas. Poco a poco fueron saltando, una a una y a cada una que caía, tenía que beber un trago de vino, para apagar el fuego que se iniciaba en mi entrepierna. Al quedar la última, que tapaba su monte de Venus, se acerco a mí, poniendo un extremo en mis labios haciendo que la mordiera. Se contorsiona hacia detrás y fue avanzando despacio hasta que tirando de la tela, me quede con ella en la boca y ofreció sus hermosos labios a mi vista. El baile siguió, su cuerpo desnudo seguía moviéndose en el suelo, hasta que la luz se fue apagando poco a poco.

Estaba, como una moto. Cuando se encendieron las luces, Sandra saludo a todos los presentes, que no paraban de vitorear y aplaudir. Después se retiro.

- ¡Me ha puesto…!- le dije a Federico

- ¡Nos ha puesto! – confirmo el

Y volvimos a beber, hasta que alertados por un ladrido miramos de nuevo a la puerta.

Carla, la mujer de Federico, apareció por la puerta vestida de cuero negro. Le acompañaba, un señor de unos cuarenta y tantos, desnudo atado por una correa. El que ladraba, en concreto era él.

- ¿En la antigua Roma, existía el cuero?

- Cuero había, pero no creo que con ese brillo. Me contesto Federico.

- Y, ¿Tú sabias que tu mujer, le gusta el sado?

- Es la primera vez que la veo así, ¡pero esta de buena!

Yo me reí, ante la frase del marido. Y seguí viendo el espectáculo.

El perro, tras un chasquido de fusta, se tumbo bocarriba, con las patas hacia arriba. Ella le acaricio el pecho y el sacaba la lengua, jadeando contento. Tras ordenarle levantarse, le hizo acercarse a las botas, tímidamente empezó a lamerlas, desde la punta hasta el tacón, mientras le daba pequeños toques en las nalgas, haciéndoselas cada vez más rojas, El “perro”, siguió lamiendo las botas, subiendo por la pierna, hasta que Carla, se alejo, quedando este solo, en medio de la sala, su comportamiento era de un perro, estaba a cuatro patas y así se hecho en la moqueta. Carla apareció, con algo que me quede anonadado. Encima de su sexo, había colocado un arnés con un falo de casi 20 cm. Golpeo con la fusta al “perro”, haciendo que se levantara y se tumbo, abriendo las piernas, dejando su sexo abierto y aquella polla de goma erecta, sobre él. Otro fustazo en la cara y el “perro” empezó a lamer la vagina, hasta que a la orden de al falo, también comenzó a recorrer con la lengua el negro obelisco. El “perro”, alternaba la mamada, entre el falo y la vagina de la anfitriona.

Bueno, la semana que viene publicare el final de esta bacanal

Besitos para ellas y saludos para ellos.

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