“Mamen continuo con su relato.

Al final me convenció y es así como me encontré en el coche, dirección a la sierra. Nada más sabia decirme, que había que ser una pareja progresista, que estaba en juego sus altas expectativas en la empresa, que ese contrato era primordial y que había que empezar a integrarnos en ese nuevo estatus, que se nos ofrecía. Y así, repitiendo lo mismo una y otra vez, llegamos a la casa. ¡Menuda casa!

Rodeada de un extenso jardín y un bosque, nos encontramos semiculta de la carretera un caserón, al más típico estilo de un cortijo andaluz, tuvimos que rodear una piscina desde la que algunos compañeros de Mario, nos saludaban al reconocer el coche. Esteban, el jefe de mi marido, nos esperaba en la puerta de la casona, felicitándonos por la decisión de haber ido.

Nos indicaron nuestra habitación y nos pidió que estuviésemos arreglados para la cena.

La habitación era de ensueño y con un Jacuzzi, así que le dije a Mario, que me tomaría un baño y precisamente fue lo que hice. Rodeada de tanta espuma, comencé a cogerle el gustillo al viaje.

El resto de los invitados estaban ya reunidos cuando llegamos al comedor, la charla era amena entre todos ellos y nuestra llegada apenas resulto apercibida. Solo Esteban, se levanto para recibirnos. Por la expresión de la cara, sabía que el vestido de seda negro, que había elegido para la cena, era sin duda el más apropiado.

Tras las concebidas presentaciones, de los clientes alemanes, la cena comenzó de lo más ameno y Mario, no hacía más que recordarme lo de la integración y el progresismo.

Así, entre lo más variado elenco de platos, basados en pescados y mariscos, Esteban se levanto, alzo las copas y brindo por los prósperos negocios con los nuevos aliados alemanes.

Después pidió a las mujeres que abandonaran la estancia y fueran a servir los postres. La cosa me pareció rara, porque hasta ahora había sido servido por un servicio de catering, pero aún me extraño cuando por la ventana vi marcharse la furgoneta de los camareros.

En la cocina, había distribuidas entre varias bandejas, distintas frutas, nata montada, vinos y champagne en pequeñas botellas. Empecé a comprender muchas cosas, cuando el resto de mujeres se quitaron la ropa, quedándose desnudas.”

- ¡Ostias!- exclamaron las dos amigas al unísono- ¿Y qué hiciste?

- Pues seguir el consejo de Mario, integrarme.

“Me quite la ropa y cogí una de las bandejas, después en fila india fuimos por el pasillo y mientras me explicaron que cuando entrásemos en la sala, que tendríamos que colocarnos en dirección contraria a las agujas del reloj y esperaríamos a nuestras parejas con las luces apagadas, sentadas en la mesa.

Y así paso, las luces se apagaron y al poco las voces de los hombres se fueron acercando. Todos se callaron y fueron ocupando sus puestos. Yo estaba nerviosa, era normal. La tensión se podía cortar con un cuchillo, pero estaba excitada. La voz de Esteban, dando paso a los postres ordeno que se encendieran las luces. Me encontré frente con un gigante alemán, rubio y fornido bajo un impecable traje de Armani. Y allí estaba yo, desnuda, mojadisima, sentada en una mesa y admirando aquel hombretón nórdico, que tendría que tener músculos hasta en el dedo gordo del pie. Hasta que la voz de Mario, no grito mi nombre, ni me acordaba de él, para nada. Lo mire, estaba frente a una secretaria enorme, con nalgas sonrosadas y unos pechos caídos hacia un orondo vientre. Pero, el germano ya había empezado a llenarme los pezones con la nata, ¡que electrizante la lengua limpiándome el pecho!, entre jadeos y agarrando fuerte la cabeza del alemán, balbucee a las insistentes preguntas que me decía sobre que hacía, yo le respondía que estuviese tranquilo, que estaba integrándome como me había dicho y que donde dejaba el progresismo. Después una lengua, llego a mi sexo y ya no pude concentrarme en responderle. Ya fue una lengua buscando mi lengua, un miembro buscando mi boca, otro pene en mi útero, otro más en mi ano, luego con Esteban, que solo decía, te deseaba hace mucho. Me senté sobre él, mientras manos, bocas y penes me llegaban por todos lados. Luego una mujer, se apodero de mi sexo, y el otro alemán se entrego con el suyo. Pedro, el compañero de Mario, me agarro la cabeza, mientras me ofrecía su miembro. Y así llegue a un orgasmo bestial, en la boca de otra mujer. Varias bocas, le lanzaron como sedientos en un oasis, hacia mi pequeña fuente, pues a mis jugos se les añadió champagne. No sé cómo ni cuantos orgasmos llegue a alcanzar.”

- ¿Y Mario?- consiguió pronunciar Clara, aun boquiabierta con la narración de su amiga.

- Mario, pues la verdad que no me acorde de él, hasta la mañana siguiente. Pero, creo, que hubo una que se compadeció de verlo tan solo, que intento hacerle una felación, pero creo que ni se logro empalmar, por lo que me comento la chica.

- ¿Entonces?

- ¡Pues no se! – dijo entre risas - yo lo pase brutal y el “Progresista”, ni tuvo ganas de probar el postre.

Las tres amigas, rieron y rieron sin parar.

Un saludo MSX. –

MSX informa que esta historia es ficticia, cualquier parecido con alguna persona real es coincidencia. Un Beso a ellas y un saludo a ellos.